Cuento sin moraleja
Ella le miraba como lo hace una persona libre y felíz, que lo era.
El recibía esa mirada apocado, temeroso y acomplejado, cabizbajo, sin ni siquiera atreverse a devolver la mirada.
Esta fue la triste historia de las miradas condenadas a no encontrarse.
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Posted by: Un servidor.
1 comentario
Angelita -
Saludos,